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Word of the Day: Megalomania

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by Danna Martinez

Megalomania is a personality disorder where an individual gets obsessed with power and social domination. It is not rare that we sometimes feel pride for our hard work or feel strong when we recognize all we have achieved. However, megalomania is an extreme case in which a person’s attitude is compulsively focused on self-worth.

“Megalomania” originates from the Greek terms megalo and mania. The word “megalo” most likely suggests greatness and power. On the other side, the word “mania” commonly refers to craziness, madness, and frenzy. Megalomania estimates, therefore, a person’s compulsion towards glory and power. Some terms related to megalomania are vain, selfish, selfish, and egotistical.

The attitude of a Mageloman stands out for having excessively high self-esteem; many of those who suffer from this condition claim to be omnipotent, ergo, that they can do anything. There is no problem in thinking that we can achieve what we set out to do; however, obsessively believing that we have better opportunities than other people for the simple fact of being ourselves is another case. 

Megalomania’s origin lies in our subconscious. Although some psychologists think this is a hereditary factor, others presume it is induced in our childhood. According to Mayo Clinic Organization, a narcissistic personality disorder may be associated with three fundamental pillars: environment, genetics, or neurobiology. 

In the first instance, the environment is our social surroundings and, precisely, our relationships through childhood. Psychologists suppose our experiences as children shape our future behavior; in this case, excessive adoration or excessive criticism might be incentives for a megalomaniac behavior. On the other side, genetics is one of the most ligated aspects of suffering from mental disorders, including megalomania. The probability of inheriting megalomania from direct relatives is commonly high. In addition to genetics, the third pillar, neurobiology, also highlights the essential role of our brain in the way we act. The way we think and perceive the world is surprisingly determining in how we express our physical body. When we feel sad, we react by crying, or when we feel angry, our face is responsible for making it noticeable. Before executing a movement, we always think before committing it; for this reason, the connection between our point of view and our attitude towards the world, be it negative or positive, is relevant concerning megalomania disorder.

Megalomania reflects a negative standing in our personality and, hence, our social behavior. Commonly, megalomaniacs show narcissist performance, arrogance, pride, and a severe lack of empathy. Megalomania is a condition requiring treatment not only for generating adverse effects on social relationships but also for causing emotional damage in the person who suffers from it. A Mageloman tends to consider himself the possessor of significant wealth and power, regardless of whether or not this is the case. In other words, megalomania can lead us to believe such high aspects of ourselves that they often do not even correspond with reality. By accepting ourselves better than others, we unconsciously determine that their feelings, opinions, and efforts are of inappreciable value. After all, this experience is closely linked with delusions of grandeur.


Palabra del Día: Megalomanía

por Danna Martinez

La megalomanía es un trastorno de la personalidad en el que un individuo se obsesiona con el poder y la dominación social. No es raro que a veces nos sintamos orgullosos de nuestro arduo trabajo o nos sintamos fuertes cuando reconocemos todo lo que hemos logrado. Sin embargo, la megalomanía es un caso extremo en el que la actitud de una persona se centra compulsivamente en la autoestima.

La “megalomanía” proviene de los términos griegos megalo y mania. La palabra “megalo” probablemente sugiere grandeza y poder. Por otro lado, la palabra “manía” se refiere comúnmente a la locura, la locura y el frenesí. La megalomanía estima, por tanto, la compulsión de una persona hacia la gloria y el poder. Algunos términos relacionados con la megalomanía son vanidosos, egoístas, egoístas y egoístas.

La actitud de un Magallanero destaca por tener una autoestima excesivamente alta; muchos de los que padecen esta condición afirman ser omnipotentes, ergo, que pueden hacer cualquier cosa. No hay problema en pensar que podemos lograr lo que nos propusimos; sin embargo, creer obsesivamente que tenemos mejores oportunidades que otras personas por el simple hecho de ser nosotros mismos es otro caso.

El origen de la megalomanía se encuentra en nuestro subconsciente. Aunque algunos psicólogos piensan que se trata de un factor hereditario, otros presumen que se induce en nuestra infancia. Según la Organización de la Clínica Mayo, un trastorno narcisista de la personalidad puede estar asociado con tres pilares fundamentales: el medio ambiente, la genética o la neurobiología.

En primera instancia, el entorno es nuestro entorno social y, precisamente, nuestras relaciones durante la infancia. Los psicólogos suponen que nuestras experiencias como niños moldean nuestro comportamiento futuro; en este caso, la adoración excesiva o la crítica excesiva pueden ser incentivos para un comportamiento megalómano. Por otro lado, la genética es uno de los aspectos más ligados al sufrimiento de los trastornos mentales, incluida la megalomanía. La probabilidad de heredar la megalomanía de parientes directos suele ser alta. Además de la genética, el tercer pilar, la neurobiología, también destaca el papel esencial de nuestro cerebro en la forma en que actuamos. La forma en que pensamos y percibimos el mundo es sorprendentemente determinante en cómo expresamos nuestro cuerpo físico. Cuando nos sentimos tristes, reaccionamos llorando, o cuando nos sentimos enojados, nuestro rostro se encarga de hacerlo notar. Antes de ejecutar un movimiento, siempre pensamos antes de realizarlo; por ello, la conexión entre nuestro punto de vista y nuestra actitud hacia el mundo, ya sea negativo o positivo, es relevante en lo que respecta al trastorno de la megalomanía.

La megalomanía refleja una posición negativa en nuestra personalidad y, por tanto, en nuestro comportamiento social. Comúnmente, los megalómanos muestran un desempeño narcisista, arrogancia, orgullo y una falta severa de empatía. La megalomanía es una condición requerida para el tratamiento no solo por generar efectos adversos en las relaciones sociales sino también por causar daño emocional en la persona que la padece. Un Mageloman tiende a considerarse a sí mismo como poseedor de una riqueza y poder significativos, independientemente de si este es el caso o no. En otras palabras, la megalomanía puede llevarnos a creer aspectos tan elevados de nosotros mismos que a menudo ni siquiera se corresponden con la realidad. Al aceptarnos mejor que los demás, inconscientemente determinamos que sus sentimientos, opiniones y esfuerzos son de un valor inapreciable. Después de todo, esta experiencia está estrechamente relacionada con los delirios de grandeza.

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